Madre Eugenia Catequista

Los santos, no son héroes, sino mujeres y hombres que viven la cruz en la cotidianidad

Los santos, dice el Papa Francisco, no son héroes; sino mujeres y hombres que viven la cruz en la cotidianidad: son personas elegidas por Dios precisamente para mostrar que la Iglesia es santa, aun estando formada por pecadores.

«La Iglesia es santa»: ¿Cómo puede ser santa la Iglesia, si dentro de ella estamos todos nosotros que somos pecadores? En efecto, afirmó, «nosotros somos pecadores, pero la Iglesia es santa, es la esposa de Jesucristo y Él la ama, la santifica: la santifica cada día con su sacrificio eucarístico, porque la ama mucho». Por eso, «nosotros somos pecadores, pero en una Iglesia santa».

biografia171En esta Iglesia santa el Señor elige a algunas personas para mostrar mejor la santidad, para mostrar que es Él quien santifica; que nadie se santifica a sí mismo; que no hay un curso para llegar a ser santo. Más bien, «la santidad es un don de Jesús a su Iglesia; y para manifestarlo, elige a personas» en las que se ve claramente su trabajo para santificar.

En el Evangelio hay muchas figuras de santidad. Por ejemplo: Magdalena, de quien Jesús expulsó de ella siete demonios, y así «la santifica: ¡de lo peor a la santidad!». También «está Mateo, que era un traidor de su pueblo y tomaba dinero para dárselo a los romanos»; pero «el Señor lo saca de su negocio» y lo lleva consigo adelante. Y también «está Zaqueo, que quiere ver a Jesús. Y Él lo llama —ven conmigo, ¡ven!— y lo santifica».

«Pero, ¿Por qué el Señor, en la historia de la Iglesia, elige a estas personas?», El Señor elige a estas personas para que den testimonio más claro de la primera regla de la santidad: es necesario que Cristo crezca y nosotros disminuyamos. En definitiva, se necesita «nuestra humillación para que el Señor crezca».

El Señor elige a Saulo, enemigo de la Iglesia, que odiaba y perseguía a la Iglesia: «en la lapidación de Esteban», estuvo presente. Cegado por ese odio. «Pero el Señor lo espera: lo espera y le hace sentir su poder». Y Saulo queda ciego y obedece cuando, en el camino de Damasco, el Señor le dice: «Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer». Así, «de hombre que tenía todo claro, que sabía qué debía hacer contra esa secta de los cristianos, se transforma en un niño y obedece: se levanta, va y espera». Su corazón había cambiado.

Y finalmente, Su vida se convierte en «otra vida». El Señor dijo a Ananías: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel».

Por tanto, «la diferencia entre los héroes y los santos es el testimonio, la imitación de Jesucristo: ir por el camino de Jesucristo». Por eso, Pablo predica el Evangelio, es perseguido, es golpeado, es juzgado, y termina su vida con un grupúsculo de amigos en Roma, víctima de sus discípulos. Así, Pablo «disminuye, disminuye, disminuye», precisamente según la regla de la santidad.

Pablo, el grande, el que había ido por todo el mundo, termina así. Y esta es la diferencia entre el héroe y el santo: el santo es aquel que sigue a Jesús por el camino de Jesús, con la cruz.

¿Eres catequista? Sé santo siendo signo visible del amor de Dios y de su presencia junto a nosotros. En tu casa, por la calle, en el trabajo, en la Iglesia. Ustedes enseñan a los niños y a los jóvenes, enseñan lo que Jesús enseñó, instruyen a los adultos y ayudan a los padres para que eduquen a sus hijos en la fe, y llevan a todos la alegría y la esperanza de la vida eterna.

El Papa pide a los catequistas sean “maestros con sabiduría, hombres y mujeres cuyas palabras estén colmadas de gracia, de un testimonio convincente del esplendor de la verdad de Dios y de la alegría del Evangelio”. No nos desalentemos al ir por este camino. Es precisamente Dios quien nos da la gracia. Sólo esto pide el Señor: que estemos en comunión con Él y al servicio de los hermanos.

¿Tú eres consagrado, eres consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu entrega y tu ministerio. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un bautizado no casado? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo y ofreciendo el tiempo al servicio de los hermanos.

Este es el itinerario de nuestra santidad. Sin embargo, no seremos santos si no nos dejamos convertir el corazón por este camino de Jesús: llevar la cruz todos los días, la cruz ordinaria, la cruz sencilla, y dejar que Jesús crezca. Si no vamos por este camino, no seremos santos, pero si vamos por este camino, todos nosotros daremos testimonio de Jesucristo, que nos ama mucho. Y daremos testimonio de que, aunque seamos pecadores, la Iglesia es santa, es la esposa de Jesús.

Por eso el proceso de canonización es la capacidad de discernimiento, con apoyo doctrinario y la ayuda de Dios, de la santidad de una persona en base a su perfecta ortodoxia y ejercicio de las virtudes llevadas al grado heroico, con el propósito de, dándole reconocimiento por el grado de perfección alcanzado, presentarla como modelo de conducta a los creyentes y como poderoso intercesor ante Dios.

Los minuciosos detalles para examinar la forma de vivir las virtudes de la Sierva de Dios M. Eugenia, significan el cuidado y seriedad con que la Iglesia procede cuando se trata de investigar acerca de la práctica de las virtudes en grado tal, que permitan concluir que un cristiano vive ya en plenitud la vida de Dios, ¡la santidad!

El que sean investigadas por la Iglesia y que se haya iniciado el camino para la proclamación de su santidad, es para toda la Iglesia y en particular para la Iglesia Diocesana de Querétaro, un tiempo de gracia que muestra oportunidades especiales del Buen Dios en el acontecer del tiempo, lo convierte en un tiempo de gracia, un verdadero kairos, tiempo oportuno, tiempo diseñado para una especial bendición. Espero que este momento, este kairos, lo sepamos vivir con la grandeza y la exigencia requeridas para dar respuesta a la predilección que el Señor nos manifiesta.

Quizá hoy nos haga bien, en la misa, sentir esta alegría: el sacrificio de Jesús aquí, en el altar, nos santifica a todos, nos hace crecer en la santidad, nos hace más auténticamente hijos de su esposa, la Iglesia, nuestra madre que es santa. (Cfr. Papa Francisco viernes 9 de mayo de 2014)

Los catequistas tienen que ser camino hacia la santidad, por eso es requisito imprescindible para poder ser catequista:

  • Nunca olvidar que el catequista es una persona llamada por Dios para una misión concreta dentro de la Iglesia. Ser catequista no es un hobbie, una distracción… La vocación es algo muy serio, donde está en juego nuestra felicidad y la de los demás. Y sobre todo el que las almas redescubran a Dios en su corazón.
  • Que el catequista antes de comenzar la catequesis tenga un momento de oración, donde en la presencia de Dios le pida fuerzas al Espíritu Santo para que sea Él el que realmente actúe en nosotros.
  • Comenzar la catequesis todos juntos en la presencia de Dios: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Tener un Crucifijo, una vela encendida y la fotografía de Jesucristo y la Virgen María que indique la presencia de Dios.
  • Que a través de la catequesis las personas vayan amando cada vez más la Eucaristía, la confesión, la oración, la intimidad con Dios… Pero el catequista debe vivirlo primero. Si un catequista no tiene su corazón en Dios, en los sacramentos, en la Iglesia ¿Qué le está dando a los demás?
  • Que la mejor catequesis, sea nuestra propia vida que transparenta a Cristo. Nuestra vida tiene que ser luz y sal para los demás, un nuevo sabor en medio de este mundo.
  • Que el catequista rece por los interlocutores, su grupo y sus familiares, para que el Señor vaya iluminándolos en la búsqueda de Dios.
  • Que siempre tenga misericordia, mucho respeto y esté dispuesto a acoger a cada uno. Confiar en las personas, porque en cada una hay una pequeña ventana por donde Dios entra y es capaz de transformarlo todo en Verdadero Amor.

¡Con Jesús Sacramentado y con María, catequistas más santos, cada día!

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